Hojas de palma a contraluz bajo un cielo gris cargado, con la luz colándose entre ellas.

Estaciones

Cuando bajan los alisios: por qué en setiembre y octubre llueve menos

Dos costas, un país, calendarios al revés. La misma situación que ahoga el Pacífico en setiembre es la que calma este lado de la montaña.

· 6 min de lectura

En setiembre la vertiente pacífica de Costa Rica recibe la lluvia más fuerte de su año. Ciclones tropicales, viento monzónico del Pacífico ecuatorial, brisas de mar: el Instituto Costarricense de Turismo nombra los tres.

De este lado de la montaña esas mismas semanas suelen ir al revés. Afloja la lluvia. Baja el viento. El mar se queda plano días enteros.

Suena a cuento de hotel. Está en el registro meteorológico, con fechas.

Los alisios

Los alisios vienen del mar Caribe y corren hacia el oeste sobre Costa Rica. Las montañas que hay detrás de esta costa se les atraviesan. El aire que topa con una cordillera tiene una sola salida: sube, se enfría y suelta el agua en la ladera que da al mar.

Eso explica buena parte del verde de julio, el pico del segundo tramo lluvioso. Casi todo el año la lluvia la fabrican el viento y la roca juntos.

En el otoño boreal los alisios llegan a su magnitud más baja del año. Lo detalla un artículo de 2024 en la Revista de Ciencias Ambientales, firmado por Alfaro Martínez, Alvarado Gamboa, Fallas López, Mora Sandí e Hidalgo León. Leyeron año tras año los pluviómetros diarios de la vertiente caribeña centroamericana, a la caza de esa caída.

Con menos viento hay menos ascenso forzado. Con menos aire empujado ladera arriba se fabrica menos nube encima. La máquina sigue andando, a menos revoluciones.

El Instituto Meteorológico Nacional lo dice en una línea: el régimen caribeño es lluvioso todo el año, con una disminución en febrero, marzo y octubre.

El chorro de bajo nivel del Caribe

Los alisios no se debilitan solos. El mismo estudio liga la disminución de setiembre y octubre a un debilitamiento del chorro de bajo nivel del Caribe, la banda rápida de viento que corre sobre ese mar. También nombra componentes de viento del suroeste y del oeste, que llegan con la Alta Subtropical del Pacífico Sur.

Después vienen las tormentas. Justo en estas semanas el mar Caribe cercano a Centroamérica llega a su pico anual de frecuencia de ciclones. Esos sistemas jalan viento del oeste por el istmo. El viento del oeste alimenta la vertiente pacífica y deja seco este lado.

Así que es un solo patrón, no dos. Lluvia en la costa pacífica a finales de setiembre y una mañana calmada en Cahuita. Un mismo hecho, visto desde los dos lados de una cordillera.

El artículo agrega dos asociaciones más. Las fases 1, 2 y 8 de la Oscilación de Madden-Julian, cuando los alisios andan flojos. Y los períodos en que el Atlántico Norte está cálido frente al Pacífico ecuatorial.

Limón, 1981 y 1998

Un promedio no es una promesa. La ventana se abre a principios de setiembre y se cierra a mediados de octubre. Las fechas y la cuenta de días están en el bloque de abajo.

Hay años que van mucho más lejos. En setiembre de 1981 la estación de Limón registró un 54 por ciento menos de lluvia de lo normal. En setiembre de 1998 el déficit fue de 76 por ciento. Otros años apenas se nota. Un promedio de tres décadas esconde adentro los dos tipos de año.

La escala también cuenta. Un mínimo relativo en esta costa sigue siendo un lugar húmedo. Más seco que la misma costa en julio, pero no seco. Desde el jardín, eso se ve como una hora de agua temprano, y el resto del día claro. La capa liviana se empaca igual.

La ventana de setiembre
Inicio promedio Cerca del 3 de setiembre
Mínimo Cerca del 23 de setiembre
Fin promedio Cerca del 12 de octubre
Duración Unos 39 días, de 37 a 42 en el registro
Registro usado 31 estaciones diarias, vertiente caribeña, 1979 a 2010
Lluvia anual en esas estaciones 2.570 a 4.758 mm
Anidación de tortuga verde, Tortuguero De junio a noviembre
Fuentes Alfaro Martínez et al., Revista de Ciencias Ambientales, 2024. Sea Turtle Conservancy.

El arrecife de Cahuita

El Parque Nacional Cahuita se creó por decreto el 7 de setiembre de 1970. Tiene 1.106 hectáreas de tierra, una zona coralina de 600 hectáreas y 22.400 hectáreas de mar. El SINAC describe su arrecife como el más desarrollado de la costa caribeña de Costa Rica: 35 especies de coral, 123 de peces, 140 moluscos, 44 crustáceos, 128 algas.

Lo que el viento flojo le hace al agua no tiene misterio. El viento hace las olas. Con menos viento, olas más pequeñas. El mar plano y el agua clara suelen caer la misma semana, porque los produce lo mismo. No vamos a publicar una cifra de visibilidad: no encontramos ninguna que sea honesta.

En una mañana así la superficie frente a Playa Grande sostiene la luz en vez de quebrarla, y el borde del arrecife se marca como una línea oscura desde la arena. Son ochocientos metros de sendero, diez minutos de bajada bajo el dosel. Al llegar, el mar ya está plano. Marzo y abril hacen lo mismo en un año normal. Setiembre no es la única agua buena de esta costa, sino el tramo que el registro explica mejor.

A esa agua la lluvia le importa por otra razón. El arrecife recibe sedimento y agroquímicos del río La Estrella, y las corrientes los reparten por la costa. Esa presión corre todo el año y no tiene nada que ver con la estación. Es el problema de fondo del arrecife, y ninguna semana calmada lo arregla.

Tortuguero

Al norte, por esta misma costa, las tortugas siguen en lo suyo. La Sea Turtle Conservancy investiga en Tortuguero desde los años cincuenta y llama a esta la mayor población anidadora de tortuga verde del Atlántico. La temporada de anidación cubre estas semanas. Una hembra puede llegar a 420 libras, que son 190 kilos. Sube ese peso por la playa a oscuras, cava, pone y se devuelve al agua.

Los sitios de turismo le van a decir cuál es el mes pico. La Sea Turtle Conservancy da la temporada y no da un mes pico, así que nosotros tampoco. Las fechas que sí da están en el bloque de arriba.

Lo demás se sostiene solo. El viento que moja esta costa toma su descanso anual. Detrás del viento va la lluvia, y detrás va el mar. Después los alisios repuntan y la ventana se cierra.

Lo que guarda el registro es más chico que un pronóstico y más firme que una corazonada. En esta costa, las semanas calmadas y la estación lluviosa son la misma estación: un motor que baja de revoluciones una vez al año, del otro lado de la cordillera donde están las tormentas que lo mueven. El camino, el viaje desde San José y el resto del calendario están en la página práctica.