Neblina entre palmas de coco, con luz cálida detrás.

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La entrada no tiene precio: el Parque Nacional Cahuita y su donación

Un parque con dos entradas y dos sistemas. En una de ellas no hay tarifa: el monto lo pone quien llega.

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El parque empieza donde se acaba el pueblo. La calle de Cahuita termina en un portón y, del otro lado, la costa es del bosque por ocho kilómetros. La otra entrada, allá en Puerto Vargas, vende tiquete en la puerta. En este portón no hay precio.

Kelly Creek

La entrada de Kelly Creek, del lado de Playa Blanca, funciona con donación. No hay tarifa fija. Este sector lo maneja una organización comunal de la zona, junto con el SINAC, el servicio de parques nacionales.

Las guías de viaje suelen citar unos cinco dólares, cerca de mil colones. Esa cifra es una sugerencia y nada más. Las mismas guías la llaman la única entrada por donación del sistema de parques de Costa Rica. No logramos confirmarlo en un tarifario oficial, así que léase como algo poco común y no como algo único.

El otro portón sí cobra. Puerto Vargas queda en el extremo de la costa protegida, y ese sector lo maneja el SINAC directamente. Un mismo parque, dos sectores, dos sistemas.

El parque es más viejo que el arreglo. Se creó en 1970 como Monumento Nacional Cahuita, para proteger el arrecife; pasó a parque nacional en 1978 y quedó ratificado en 1982. Los bribris viven en esta región desde mucho antes de cualquiera de esas fechas.

En 1998 se formó el Comité de Manejo del parque. Miembros de organizaciones locales se sentaron con representantes del SINAC, y el comité formalizó el comanejo comunal.

Muy poco de esto se ve en una caminata. Lo que ve el visitante es una entrada que pide y otra que cobra. Detrás hay un pueblo que decidió que el parque al final de su calle también era suyo.

El rótulo junto a las duchas

Entre 2007 y 2008 el sistema de donación se estudió en serio. Francisco Alpizar, Anna Norden y Peter Martinsson, con EfD-Centroamérica, montaron un experimento de campo y una encuesta en Cahuita. Variaron el monto que se le sugería a cada visitante al llegar, de uno a seis dólares. A algunos les dieron además un mapa a color del parque.

Lo que la gente daba se movía con lo que se le decía. La información cambió de forma medible la disposición a donar. En el papel el hallazgo es seco; en la práctica es directo. Un parque sin precio de entrada vive de cómo pide.

Los guardaparques se quedaron con la parte práctica. Pusieron un rótulo cerca de las duchas del parque, con la petición de volver a la entrada y dar a la salida. Los guardaparques cuentan que sirvió. Casi todo el mundo llega a un portón y piensa en plata una sola vez. Las duchas quedan al final, cuando la mañana ya pasó.

El sendero costero hasta Puerto Vargas

Un sendero recorre toda la costa protegida, de Kelly Creek a la estación de guardaparques de Puerto Vargas. No es un circuito: devolverse por el mismo camino lo duplica. La otra opción es que alguien los recoja al otro extremo.

El sendero va paralelo a la playa, casi todo bajo dosel y casi todo plano. El mar se ve seguido entre los árboles. Lo cruzan quebradas y, después de un aguacero fuerte, algunas lo cruzan de verdad.

Una heliconia en la sombra del sotobosque. Lo que crece a la orilla del sendero es esto, repetido por kilómetros.

Lo que la gente ve: perezosos, los de dos dedos y los de tres, arriba y sin moverse. Monos carablanca, cerca del sendero y sin inmutarse. Pizotes que cruzan a la altura del tobillo. Congos, que se oyen mucho antes de que aparezca nada. Tucanes en las copas. Martines pescadores y garzas donde las quebradas llegan a la arena.

El parque, en números

Entrada Kelly Creek (pueblo de Cahuita). Donación, sin tarifa fija. Sector de manejo comunal.

Entrada Puerto Vargas (SINAC). US$5,65 con impuesto, adultos no residentes. ₡1.130 adultos residentes, ₡565 niños residentes. Aceptan tarjeta.

Sendero costero. Entre 8 y 8,3 km de ida, de Kelly Creek a Puerto Vargas. De punta a punta, no es circuito. Unos 16 km caminando ida y vuelta.

Tamaño del parque. Entre 1.070 y 1.110 hectáreas de tierra, más unas 22.300 hectáreas de mar.

Arrecife. Unos 600 acres, arrecife externo de unos 4 km de largo, al menos 35 especies de coral.

El arrecife externo

El arrecife es la razón de que el parque exista. También es la parte que casi nadie ve. La zona marina pasa de veinte veces el área terrestre. Los conteos de peces y de moluscos superan las cien especies, y junto a ellos hay unos cuarenta y cuatro crustáceos.

El arrecife no ha aguantado. A principios de los ochenta la cobertura de coral vivo rondaba el cuarenta por ciento; a principios de los noventa ya estaba por debajo del diez. La mayor parte la hizo el sedimento: la escorrentía bajó de las fincas tierra adentro y la costa misma se levantó con el terremoto de Limón de 1991. Los blanqueamientos hicieron el resto. Las cifras de hoy no las podemos afirmar, y no vamos a adivinarlas.

Esa historia explica la fecha de 1970. Primero vino el monumento, y el coral fue lo que se quiso encerrar. A lo que la gente viene hoy es a los perezosos y a los carablanca.

Bothriechis schlegelii

La bocaracá es pequeña y venenosa. Se enrolla en ramas bajas, muchas veces a la altura de la cara, y no se mueve cuando alguien pasa. Los guías del sendero costero la buscan y a veces la encuentran.

Verla no es común. Perezosos y monos se ven seguido; una bocaracá no. Lo que esa posibilidad cambia es la forma de caminar. Una serpiente que se queda a la altura de los ojos, y no bajo el pie, hace que uno vaya leyendo las ramas del borde del sendero.

Eso es casi todo lo que hace el sendero. Es plano y es fácil, y aun así hace bajar el paso. Todo lo que vale la pena ver está quieto y es casi del color de la hoja donde está. La caminata de vuelta termina donde empezó. El portón de Kelly Creek pide una donación y recibe lo que le den.

Cómo llegar a Cahuita, y qué hace el camino con lluvia, está en nuestra página de información práctica.